lunes, 3 de diciembre de 2012

Despedidas entre letras

¡Maldita sea!

Una de las cosas que más odio, después de no saber cómo empezar un texto (lo que ha sucedido hace escasas 21 palabras) es acabarme un libro. Corrección, más que acabarme un libro, acabarme un libro que realmente  me apasiona. 

Es muy diferente la sensación de acabarse un libro común (entiéndase por común uno que, bueno o no, no te llega al corazón) que la de acabarse un libro especial. Estos últimos no sólo te han hecho vivir una aventura increíble o te han acompañado, si no que han hecho que sus personajes dejen de ser meros nombres o protagonistas para convertirse en parte de tu familia, de tu mundo, de quien eres. 

Por ser más reciente podría hablaros de Kvothe, Bast, Cronista, Auri, Fela...  a los que extraño pues, por desgracia, mi día en la Roca de Guía, ha finalizado y, como si acabara de despedirme de mis amigos de toda la vida para emprender viaje lejos, me encuentro algo alicaída, aunque, como siempre que hay una despedida esperanzada porque sé que el reencuentro será increíble. Sin embargo, como he dicho antes, Kvothe, Bast, Cronista, Auri... etc son sólo los últimos amigos de los que me he despedido, podría hablaros de Manolito Gafotas, de Gavilán, Sherlock, Dana, Calvin, Algarrobo, Fenrris, Íñigo Montoya, Jake, Bilbo, Gandalf, Aer, Bipa, Kai, Morrie e incluso algunos que quizá sólo hayan visto mis ojos como Sharyhar, Edwen, Tharold... Como veis la lista es larga y, tengamos en cuenta, que mi memoria en lo que a nombres se refiere es bastante penosa por lo que probablemente esté olvidando "amigos" e incluso historias. 

Decía que odio esta sensación porque los libros, a diferencia de las personas, no me fallan. Acompañan mis momentos vacíos llenan mi vida de magia y misterio, me muestran su realidad sin engaños (bueeeeno a veces mienten pero lo hacen siempre con mucha elegancia) y pase lo que pase, NUNCA me dan la espalda. Nunca juzgan, ni hacen preguntas que no tienes ganas de responder. No te dicen "has venido conmigo porque estabas triste si no de qué" ni te dicen "Son las 5 de la mañana  déjame dormir"... es cierto, no respiran, no interaccionan y no son ni de cerca una persona. Pero lo cierto es que preferiría que hubiera personas más parecidas a los libros y  no te digo ya más parecidas a los amigos de los que antes os he hablado. Por eso cunando termino un libro que me apasiona, uno de esos que, como este último, me ha acompañado desde verano en ratos de tranvía, autobús, piscina, brasero o cama y manta, me siento un poco triste, un poco ausente... como si me faltara algo, quizá no algo imprescindible para la supervivencia, pero si algo agradable, algo que hace los días menos largos... 

Por eso al acabar un libro doy unas horas de margen antes de conocer a nuevos amigos. No te despides de tus amigos y te metes en una fiesta al instante. No obstante ya tengo preparada mi siguiente lectura y si bien en ésta, obligatoria (palabra que odio asociar a la lectura) no creo que halle buenos amigos, si que encontraré, al menos un impulso hasta que pueda reencontrarme con viejos amigos o conocer algunos nuevos que se acerquen más a mi personalidad o a lo que ando buscando. 

En fin, despido ya la divagación ya que, como todas en este blog, es algo imprecisa, incoherente e ilógica aunque no por ello incierta o carente de sentimiento.

Hasta pronto


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Decisiones

Lo bueno de escoger un camino diferente es lo mucho que se aprende recorriéndolo.