Leer una vieja postal ( de esas que decoran las paredes de mi habitación de Madrid) de alguien a quien echo de menos y derramar alguna lágrima de nostalgia.
Lo cierto es que cuando se acercó el final del cuatrimestre pasado tenía la certeza de que esto sucedería. No soy una persona a la que se le de bien la gente, "Siempre se me han dado mejor los libros" es quizá mi frase más característica después de aquella de "Soy la sensación de perder el norte" pero es que es cierto. Lo de mantener relación con alguien a quien aprecio, algo que, normalmente suele resultar sencillo, a mi nunca me resulta fácil.
La nostalgia es una vieja amiga con la que he aprendido a convivir. Echo de menos personas y situaciones con bastante frecuencia, pero creo que ante la nostalgia la sonrisa y un buen libro es mi única arma. De vez en cuando escribo. En ocasiones nada relacionado, a veces simplemente es el rasgo de un personaje el que me acerca a esa persona, el que me recuerda situaciones que han quedado clasificadas en el archivo de mi memoria y que ya formarán parte siempre de quien soy. Eso es lo bonito de la nostalgia, que al final, de una manera u otra quienes formaron parte de tu vida y fueron importantes para tí permanecen en ella para siempre si es que quieres conservarlos.
Hoy he leído una vieja postal, de esas que decoran las paredes de mi habitación de Madrid (que es donde me encuentro) y el trazo de las letras, la manera de escribir, la fotografía del lugar y la firma de quién, en su día, decidió enviármela, me han hecho derramar algunas lágrimas. Sin embargo Gandalf dijo "No diré no lloréis porque no todas las lágrimas son amargas" y lo cierto es que, aunque sentí cierta nostalgia y muchas ganas de coger el teléfono y llamar aunque sólo fuera para escuchar su voz, también en ese momento me sentí tranquila. Sé que esa persona es feliz y eso, en cualquier caso me resulta suficiente.
Es hora ya de dormir, siento como mi cuerpo se nota cansado y pesado, no obstante, como tantas otras veces, tantas otras noches que he pasado leyendo, no parece que mi mente quiera darme una tregua y me vaya a permitir dormir, así que creo que leeré. Conoceré a ese nuevo amigo Kvothe al que tengo ya bastante aprecio y dejaré de pensar en quien, por fortuna o desgracia, ha dejado de compartir conmigo el día a día.
Los caminos continúan, la gente entrecruza sus vidas y después sigue su rumbo y no podemos sino sentirnos afortunados de que, en alguna ocasión, pudimos formar parte de la vida de alguien especial. Alguien a quien llamamos amigo.
"Nunca le gustaron los finales, así que convirtió aquel punto final en tres puntos suspensivos..."
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