Tenía ganas de gritar, llorar, pegar un puñetazo en la mesa y salir dando un portazo de esos que acompañan a un berrido de "¡hasta nunca!" y lo hubiera hecho...en cualquier otra época de su vida habría hecho el petate o un pequeño bolso con lo básico y se hubiese marchado, como mínimo a pasear, a dejar que las ideas se aclarasen con el viento o el silencio bullicioso de la ciudad. Sin embargo, en esta ocasión todo era diferente. Ahora había más motivos por los que quedarse.
Bueno, en realidad no había más motivos, pero los que tenía eran lo suficientemente fuertes como para hacerlo.
Bueno, en realidad no había más motivos, pero los que tenía eran lo suficientemente fuertes como para hacerlo.
Ojalá él pudiese comprender qué gran acto de amor suponía no mandarlo todo a la mierda en aquellas situaciones, no explotar de indignación y liarse la manta a la cabeza afirmando, de ese modo, que todo aquello valía más que una autoimplosión.
Desde luego, las circunstancias que rodeaban aquella semana eran excepcionales. Sin embargo últimamente incluso cuando todo pasaba y ya no tenía importancia, aunque no tenía ninguna duda de querer pasar el resto de su vida a su lado, permanecía en ella una gran sensación de desasosiego, una sombra de tensión que terminaría asolándola si no encontraba antes un catalizador.
Ojalá encuentre pronto una manera de canalizar todo aquello, ojalá...
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